Dios los bendiga en el Amor de Cristo!!!
"Yo
soy el Amor y la Misericordia. Quien se acerque a Mí con confianza
recibe mi gracia con tal sobreabundancia, que no la puede contener y la
irradia sobre los otros".
JESÚS A SOR FAUSTINA KOWALSKA.
Bendiciones!!!
REZAD EL ROSARIO TODOS LOS DÍAS
"La oración es el desahogo de nuestro corazón en el de Dios... Cuando
se hace bien, conmueve el corazón de Dios y le invita, siempre más, a
acoger nuestras súplicas. Cuando nos ponemos a orar a Dios, busquemos
desahogar todo nuestro espíritu. Nuestras súplicas le cautivan de tal
modo que no puede menos de venir en nuestra ayuda."
-PADRE PÍO-
BENDICIONES!!!
Señor Jesús, tu nos dijiste:
"Rueguen al dueño para que envíe operarios a su mies". Te pedimos por el don de vocaciones sacerdotales y religiosas para que en todas partes sea amado tu Corazón.
Despierta en muchos jóvenes una vocación sincera, alegre y entusiasta;
con un espíritu de bondad, humildad y sencillez y que quieran compartir su vida en una comunidad para juntas ir hacia Ti.
Y a ti, jóven, que lees estas líneas... que sepas que oramos por ti, y
si quieres... déjanos un mensaje y te seguiremos ayudando en tu
decisión... animo, no tengas miedo... se valiente y dispuesta... Cristo
te necesita... hay mucho por quien orar y trabajar...
-jóvenes dominicas contemplativas-
No teman! Si Jesús las llama...el es el Camino más dichoso!!!
Bendiciones!
AMEN!
La Orden de las hermanas pobres de Santa Clara, por sus siglas O.S.C. (en latín: Ordo sanctae Clarae), también conocida por Hermanas Clarisas pobres, Clarisas descalzas o Clarisas, es uno de los institutos religiosos que forman la Segunda orden de San Francisco.
Fundada por San Francisco de Asís y Santa Clara de Asís, sus inicios se encuentran en la ermita de San Damián donde vivió santa Clara de Asís y sus hermanas. Su vida estaba dedicada a la oración, el trabajo manual y la asistencia a los pobres.
Santa Clara, que siempre fue fiel al ideal de pobreza de San Francisco, consiguió que el Papa
les aprobara el «privilegio de la pobreza» por el cual el monasterio no
recibiría rentas. La santa, además, escribió una regla para sus
hermanas.
Todo empezó en la madrugada del lunes santo de 1211, cuando la joven
Clara de Asís, perteneciente a una de las familias más nobles de Asís,
se fugó de casa y marchó a Santa María de la Porciúncula, donde la
esperaban san Francisco y sus primeros compañeros para consagrarla al
Señor. Tenía apenas 18 años y acababa de rechazar a dos pretendientes al
matrimonio. Al principio vivió algún tiempo con las benedictinas del
monasterio de San Pablo de las Abadesas (el actual cementerio de Bastía
Umbra) y con las religiosas de San'Angelo di Panzo, en las faldas del
Subasio, hasta que se le unieron su hermana Catalina (sor Inés, santa
como ella) y otras jóvenes. Juntas se trasladaron, unos meses después, a
la iglesia de San Damián, restaurada por San Francisco tres años antes.
Al principio las llamaban "Hermanas Menores", pero a san Francisco no
le agradó el nombre y, en 1217, inspirándose en el cardenal Hugolino,
protector de la Orden, lo cambió por el de "Señoras o Damas Pobres" (
"dominas" o "dueñas").
San Francisco redactó para ellas unas normas u "observancias", pero
el canon 13 del IV Concilio de Letrán (noviembre de 1215) prohibió la
aprobación de nuevas reglas, de modo que Clara y sus compañeras tuvieron
que profesar la Regla benedictina, que prescribía cosas muy diferentes a
lo que ellas querían, como el título de abadesa o la posibilidad de
tener propiedades. Para evitar esto último, Clara obtuvo de Inocencio
III (+ julio 1216) un singular "privilegio de pobreza", por el cual
nadie podría obligarles a tener rentas o posesiones.
Con el tiempo los monasterios se fueron acomodando hasta quedar sin
vigencia el privilegio de la pobreza. Después de la muerte de Santa
Clara, todos los monasterios pidieron que se les diera una regla más suave y de acuerdo con su realidad; de tal manera que el Papa Urbano IV les redactó una nueva regla y nacieron las Clarisas Urbanitas. Esta regla fue general para todas las clarisas.
En la actualidad muchos monasterios han regresado a la profesión de la regla de Santa Clara. Hay unas 20.000 hermanas en todo el mundo. Los monasterios se han agrupado en federaciones.
Obra
Las hermanas clarisas se dedican a la vida de total entrega y
encierro en los monasterios, donde se dedican a la costura,
principalmente al bordado, a la oración y a la elaboración de productos utilizados en la Eucaristía como lo son las hostias.
En realidad no existe requisito de edad para ingresar a esta orden,
lo único que se requiere es vocación y entrega a la pobreza, dejando
atrás cualquier apego a la vida terrenal, abandono de su hogar y
manteniendo a la distancia la relación familiar.
Para sobrevivir o para el sostenimiento de esta comunidad y sus respectivos monasterios
se dedican a la costura, a la hechura de pan, galletas y a la ayuda que
los fieles [bienhechores] donan para el sostenimiento de ellas,
anticipadas por proyectos propios de la orden.
En el campo de la repostería han logrado gran prestigio ya que entre
sus muros se conservaron antiguas recetas, utilizan ingredientes
naturales y sin prisas, elaboran sus dulces con gran dedicación. Uno de
los ingredientes principales de los dulces elaborados por las hermanas
clarisas es el huevo. Existe una tradición muy antigua en España, según
la cual, a pocos días de celebrarse un matrimonio, las familias de los
novios regalan huevos a las clarisas, que se comprometen a rezar para
que el día de la boda no llueva. Se trata de una forma de contribuir al
mantenimiento de la Orden por parte de los católicos y una entrañable
tradición que, a día de hoy, aún perdura.
Entre los dulces más reconocidos se encuentran las Delicias de Santa Clara del Convento de Villacastín.
Cómo las quiero!
Entregadas totalmente a Cristo como San Francisco de Asís.
Ojalá hermanos les sirva toda esta información sobre ellas y que Santa Clara de Asís ilumine nuestras vidas con su ejemplo!
Bendiciones!!!
Escrito está en mi alma vuestro gesto,
y cuanto yo escribir de vos deseo;
vos sola lo escribisteis, yo lo leo
tan solo, que aun de vos me guardo en esto.
En esto estoy y estaré siempre puesto;
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,
de tanto bien lo que no entiendo creo,
tomando ya la fe por presupuesto.
Yo no nací sino para quereros;
mi alma os ha cortado a su medida;
por hábito del alma mismo os quiero.
Cuando tengo confieso yo deberos;
por vos nací, por vos tengo la vida,
por vos he de morir, y por vos muero.
Garcilaso de la Vega