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En primer lugar tomad conciencia de
que el Santo Matrimonio no es cosa vuestra. Es Dios el que os necesita
unidos para hacer un gran bien en este mundo. Es Dios el que cuenta con
cada uno de vosotros y por ello nunca os faltará su gracia para vivirlo
conforme a los planes que Dios tenga para vosotros. No sois dos, sois
tres. Y Dios es el centro. Siempre que lo quitéis del centro, el mundo
se pondrá en su lugar y vuestro Santo Matrimonio peligrará.
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El contraer Matrimonio es una llamada
que Dios os hace a la SANTIDAD. Es decir, una gran responsabilidad.
Tenéis que ser desde vuestro matrimonio luz del mundo y sal para la
tierra. Vuestro mundo y vuestra tierra en primerísimo lugar será vuestro
hogar, los hijos… Los que se acerquen a vuestro hogar tienen que
llevarse la luz de Dios, vuestra oración, el amor, el perdón… Tenéis que
ser TESTIGOS de Cristo muerto y resucitado.
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Para ser un matrimonio Santo es
importantísimo que seáis un hombre y una mujer de oración, personas
profundamente metidas en el Corazón de Cristo. Y personas profundamente
acostumbradas al sacrificio, a la abnegación, al saber bajar la cabeza,
saber ceder por el otro, saber bajar la cabeza por que haya paz en el
hogar. Evitar siempre la división del hogar. El demonio siempre quiere
cargarse la unidad familiar, por ello luchad por ella con uñas y
dientes.
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Sed muy transparentes el uno con el
otro, no guardaros nada. Todos somos humanos e imperfectos. Nunca
escandalizaros por las meteduras de pata que ha podido hacer el otro. En
las mismas circunstancias cualquiera podría haber caído también. Hay
que saber perdonar y esperar. Cada uno tiene su tiempo de maduración, de
darse cuenta de las cosas. Hay que tener MISERICORDIA ante las pobrezas
del otro. Por ello NO TARDAR en buscar un padre espiritual para vuestro
matrimonio, un sacerdote de buena doctrina que os ayude a crecer, a
madurar y a ser mejores cristianos; y que lo tengáis disponible para
confesaros en cualquier momento que lo necesitéis.
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Ponte muchas veces en el lugar del
otro. No pienses solo en ti. Piensa en las necesidades del otro antes
que en las tuyas. Cada uno tiene que ser el último para que el
matrimonio sea feliz. Y estad siempre dispuestos a cargar con las cargas
del otro.
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Confesaros con un sacerdote como muy
tarde una vez al mes, y si podéis todas las semanas mucho mejor. En la
Confesión Dios derrama una gracia muy especial y da os da luz y fuerza
para caminar por el bien.
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Compartid juntos un paseo, una
película en el cine, una cena, una conversación… Pero solos. Cuando
tengáis hijos dejadlos de vez en cuando con los abuelos o con unos
buenos amigos. Tened tiempo para vosotros. Interesaos por vuestras
cosas. Vuestras luchas, vuestras ilusiones, vuestros sufrimientos,
vuestras alegrías… es muy importantes que las compartáis. En el
matrimonio hay que hablar mucho. Cuando se deja de hablar de lo que
llevamos dentro el amor se debilita. En cambio la ilusión por sorprender
al otro, por saber que le gusta, que le ocurre… Es buena tierra para un
Matrimonio Santo.
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Estad muy unidos por la fe. Y nuestra
fe se alimenta de muchas maneras, pero especialmente en la Santa Misa
Dominical. No faltéis nunca juntos a la Santa Misa, y sentaros juntos.
No haced como esos matrimonios que ya no se quieren y se sientan cada
uno en una esquina de la iglesia. Vosotros juntos. Para juntos
alimentaros de la Palabra y de la Eucaristía.
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Todas las mañanas de rodillas ante
Dios, haced la señal de la Cruz y poned vuestra familia bajo la
protección de la Trinidad Santísima. Besad el suelo y decid: Serviam (Te
serviré Señor). Haced el ofrecimiento de obras. Y pedid el auxilio de
la Virgen y el acompañamiento de vuestros ángeles de la guarda. Poneros
agua bendita.
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Que no haya una noche que os vayáis a
la cama sin daros un beso, hacer examen de conciencia y rezar tres Ave
María en Cruz que son prenda de salvación eterna y además lo ofrecéis
por la Pureza, la conversión de los pecadores y la Salvación del mundo. Y
no os vayáis nunca a dormir enfadados. Antes de ir a dormir todos en el
hogar deben estar Reconciliados y en la Paz del amor. Rociad la cama y
vuestras frentes con agua bendita.
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Es muy importante que al menos una
vez a la semana vayáis juntos al Sagrario, y allí de rodillas frente al
Señor, postrados ante Dios, pedid que se fortalezca vuestro matrimonio,
pedidle perdón por si no le estáis dando toda la gloria que tenéis que
darle con vuestra unión, encomendad a vuestros hijos, a vuestras
familias… Y terminad con esta oración: Dios
mío, yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no
creen, no adoran, no esperan y no os aman. Santísima Trinidad, Padre,
Hijo y Espíritu Santo, os adoro profundamente y os ofrezco el
preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en
todos los sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes,
sacrilegios e indiferencias con que Él mismo es ofendido. Por los
méritos infinitos de su Santísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de
María, os pido la Conversión de los pobres pecadores. Te pido en
especial: Por el Papa y sus intenciones, por nuestro Obispo y sus
intenciones, por todos los hogares de Marismillas, por nuestro párroco y
sus intenciones…Y tras rezar un ratito, llevaros vuestros nuevos testamentos (de la misma edición) y leed al menos un capitulo abierto al azar.
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Todos los Domingos al atardecer ante
un pequeño altar en vuestro hogar donde haya una Biblia, un Crucifijo,
Agua Bendita y una fotografía de la Virgen, haced vuestra consagración y
la de toda la familia al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado
Corazón de María. Invocad al Espíritu Santo sobre vuestro hogar. Y pedid
la protección de la Santísima Trinidad sobre vuestra familia. Los
sábados rezad juntos frente a la fotografía de la Virgen una Salve.
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Cada día rezad del Santo Rosario en
familia. Este será el arma más poderosa para vuestro matrimonio y
vuestra familia. El demonio os tentará con mil líos, problemas,
cansancio… Pero ahí os lo jugáis todo. Aunque sea un solo misterio, ni
un día desde que os caséis dejad de rezar el Santo Rosario.
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Recordad que lo más importante en el
hogar es la unión del matrimonio. Si vosotros no os queréis vuestros
hijos no serán felices, si vosotros no os perdonáis vuestro hijos no
serán felices…Vuestros hijos tienen que ver que os amáis, que os dais un
abrazo de vez en cuando, que tenéis palabras de respeto y cariño entre
ustedes, que os preocupáis el uno del otro. No martiricéis a vuestros
hijos con la frialdad. Los pollitos tienen que crecer en el calor del
hogar, y el calor del hogar es el cariño, la comprensión.
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Que nunca os vean vuestros hijos
mentir, hablar con brusquedades, decir palabras feas… Vosotros seréis
los maestros de vuestros hijos, y si no sois buenos maestros creareis
pequeños monstruitos llenos de odios y rencores. Si os ven perdonar
ellos perdonaran, si os ven amar ellos amaran… Y nunca pongáis a los
hijos en contra del otro, eso es una locura que trastorna a los niños.
Los padres tienen que ser una sola educación, una sola directriz, un
solo plan… Las deliberaciones en la intimidad. A los hijos razones
claras y firmes.
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Nunca hablad con vuestras respectivas
familias de vuestros problemas o situaciones matrimoniales, ni con los
amigos. Las cosas del matrimonio y el hogar, en casa se queda. Si no,
luego corre peligro la unión del matrimonio con el resto de familia y
amigos. La familia y los amigos son para quererlos no para desahogarnos
con ellos sobre los problemas de la intimidad del hogar. Tened un padre
espiritual que os ayude en los problemas.
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Sed un matrimonio generoso. No
pongáis medios anticonceptivos en vuestra relación conyugal, que eso
pone muy triste al Señor. Asesoraros sobre los medios naturales. Y
además, Dios bendice a las familias con cada hijo que llega. No tengáis
miedo, sed valientes y Dios os recompensará. Nunca os faltará lo
necesario. Rezad y ofreced muchos sacrificios para que se dejen de
cometer los abortos, que son crueles asesinatos que dañan mucho el
corazón del Señor y la Virgen.
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La Salvación de vuestro hogar se
juega en gran parte en que seáis un hombre y una mujer de Dios, nunca
dejéis de rezar por la conversión de cada uno de los que formáis el
hogar.
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Que siempre crezcan vuestros hijos
sabiendo que sus padres ejercitaban la caridad con los más pobre, los
enfermos… los más débiles. Bendecid siempre la mesa antes de comer:
SEÑOR BENDICE ESTOS ALIMENTOS Y A QUIENES LOS HAN PREPARADO, DALE PAN A
LOS QUE TIENEN HAMBRE Y DANOS HAMBRE DE TI A LOS QUE TENEMOS PAN. POR
JESUCRISTO NUESTRO SEÑOR. AMÉN.
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Sed positivos, alegres. No critiquéis. Amad a vuestros enemigos y perdonadlos con el perdón del Señor.
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En la circunstancias difíciles, cuando las cosas cuestan sacrificio… Ofrécelo al Señor y a la Virgen: Oh
Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores, por las
benditas almas del purgatorio, por la santidad de los sacerdotes, por
las familias cristianas y en reparación por los pecados cometidos contra
tu Sagrado corazón y el Inmaculado Corazón de María.
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Cuando nos faltan las fuerzas para llevar a acabo algún trabajo, alguna penitencia, alguna abnegación: POR TU GRACIA SEÑOR Y CON LA FUERZA DE TU ESPÍRITU SANTO… Que yo pueda hacer tal cosa, que yo pueda soportar esa otra…
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Recordad que cada día en esta tierra
nos estamos jugando el cielo o el infierno, no tenemos más tiempo que el
que pasemos en esta tierra para decidir donde pasaremos toda la
eternidad.